martes, 24 de febrero de 2009

FIGHT

La discusión se tornaba un tanto más acalorada, y el hecho de saber que discutía sin fundamentos me alteraba más.

Trataba de recordar que las discusiones no las gana el que grita más fuerte, pero las venas de mi cabeza parecían volcanes a punto de hacer erupción.

Llego un momento en el que incluso pensé en tirar un par de cosas, quizás con eso alcanzaba demostrar que tenía razón, no mejor no, después tengo que limpiar y además no me quiero poner violenta.

Las lágrimas no solo habían deteriorado mi ritmo, sino que el pañuelo de papel estaba totalmente destruido.
Las dimensiones de aquella pelea tomaron medidas siderales, desconsideradas, parecía que las palabras se peleaban en el aire, y los pensamientos eran oraciones sin sentido que se trababan en una lucha constate.

Di un respiro largo ya que mi garganta pedia a gritos aire, además mi voz se quebraba continuamente, eso alcanzo para que mi contrincante tomara la ventaja, y estamparme un par de malas ideas en la frente.

Tengo razón, simplemente lo sé, lo siento así.

Mis manos se ponían cada vez más sudorosas y mi corazón no quería quedarse dentro de mi cuerpo. El puslo acelerado, la picazón en la garganta y las lágrimas de sal no eran una combinación de mi agrado.

Debo desistir, me voy con la cabeza en alto ya no quiero pelear, mejor nos damos un abrazo.

Un apretón de manos, seguro, confiable, de pocos segundos igual me conforma, no necesito más, si no la ganas la empatas.

De todos modos, la razón es mía.

No hay comentarios.: