Siempre pensé que el final estaba más cerca de lo común, que podía desmoronarse alguna vida el día de mañana por mi ausencia.
Hoy sé con certeza que el final me espera por eso dedico estas mínimas líneas a limpiar mi conciencia.
Pido perdón por un beso robado, una mano de sobra, una mirada abusiva, por esperar algo a cambio y por querer saberlo todo.
Reitero una vez más que te quiero, así como sos, que no necesito más nada, que no dependo de decisiones ajenas, que es mágico vivir sin pensar, y que si hiero por mi forma de obrar no creo en el arrepentimiento.
Demasiadas cosas me quedan en el tintero entre ellas, las palabras que no corresponden, un abrazo a medio terminar, un beso de labios cerrados, un coito inacabado, una flor marchita, y un par de vasos sin lavar.
Sin embargo dichosa fue la vida conmigo, muero jóven, sin ataduras, ni mordeduras.
Sin arrepentimientos, sólo el recelo de mirar hacia atrás y sentir orgullo del camino andado y miro hacia adelante y me admiro, que camino más largo este de la vida.
miércoles, 25 de febrero de 2009
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